Su madre se lo decía: Joaco, carajo, no vayas a esa fiesta, te están esperando para matarte. Tu compadre Cornelio te las quiere cobrar todas juntas. Le has saqueado el tachinastle ya cuantas veces, bribón; nomás cuenta: La Martina, Rosa Elvira, la ingrata de Zenaida, Anselma y hasta la teca esa de Naila. Ay hijo, y todo por no sentar cabeza, tuviste que andar cerniendo tenates ajenos. Y, como todavía se te ocurrió mandarte a hacer ese corrido mal agüero, lo más seguro es que hoy te vaya yo a tender en el piso con un tabique por almohada. Por último te pido, no vayas a esa fiesta, no solamente Cornelio te está esperando, también están ahí Javier Celis, Mardonio Leyva, y hasta el revoltoso de Gabino Barrera, todos con un cuerno en la frente y otro en la mano, listos para vaciarte todo lo que tienes de tripa. Por eso te digo, no vayas, es el único favor que te pido, pasando esa fiesta ya podrás salir, lo bueno que no se te ocurrió meterle más fandangos al dichoso corrido. Joaco se acomoda el barbiquejo con la mano izquierda y, de manera instintiva, toca la cacha de su revólver con la derecha, dirigiéndose a su madre para exclamar: Ni modo vieja, ya está dicho, de una vez lo que sea tarde.
7.4.10
Corrido de Joaco Ley
Su madre se lo decía: Joaco, carajo, no vayas a esa fiesta, te están esperando para matarte. Tu compadre Cornelio te las quiere cobrar todas juntas. Le has saqueado el tachinastle ya cuantas veces, bribón; nomás cuenta: La Martina, Rosa Elvira, la ingrata de Zenaida, Anselma y hasta la teca esa de Naila. Ay hijo, y todo por no sentar cabeza, tuviste que andar cerniendo tenates ajenos. Y, como todavía se te ocurrió mandarte a hacer ese corrido mal agüero, lo más seguro es que hoy te vaya yo a tender en el piso con un tabique por almohada. Por último te pido, no vayas a esa fiesta, no solamente Cornelio te está esperando, también están ahí Javier Celis, Mardonio Leyva, y hasta el revoltoso de Gabino Barrera, todos con un cuerno en la frente y otro en la mano, listos para vaciarte todo lo que tienes de tripa. Por eso te digo, no vayas, es el único favor que te pido, pasando esa fiesta ya podrás salir, lo bueno que no se te ocurrió meterle más fandangos al dichoso corrido. Joaco se acomoda el barbiquejo con la mano izquierda y, de manera instintiva, toca la cacha de su revólver con la derecha, dirigiéndose a su madre para exclamar: Ni modo vieja, ya está dicho, de una vez lo que sea tarde.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario